Si algún día tu vas a Apulco hay te encargo pedacitos del baúl de mis recuerdos, tráeme un vaso de agua zarca para calmar mi nostalgia y mi sed de forastero.

Cuando vas llegando a Apulco primero verás la torre que es del templo de San Pedro, llegarás a la glorieta adornada por la Cruz del antiguo Cementerio.

Si descansas en la Plaza te refrescará la sombra de sus legendarios fresnos y si es el mes de Enero por allí pasan los diablos luciendo tremendos cuernos.

Como extraño aquel atole y que ricos los frijoles que mi madre preparaba mientras afuera en el patio yo jugaba a las canicas y mis hermanas trenzaban, si algún día yo regresara me gustaría corretear en el patio de la Escuela y por el río caminar pretendiendo ir a cazar aves con mi resortera con una rueda de quiote y a veces quizás un elote, las tardes pasan tranquilas y en las alegres mañanas el repicar de campanas hace que uno sienta ganas de volver aunque sea un día.

Bonifacio Marín López



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